Teología e Historia, Volumen 7, Año 2012, pp. 65-99 ISSN 1667-3735
Prólogo
El avivamiento metodista tomó una forma concreta cuando John Wesley, a partir de 1742, organizó a los convertidos en grupos -que llamó “sociedades”, “clases” y “bandas”- donde buscaban conservar su fe, su nueva forma de vida, y mantenerse en el camino hacia la santidad. A diferencia de George Whitefield, cuya predicación movió a miles de personas, aunque sin promover una estructura para alimentar espiritualmente a los nuevos conversos, John Wesley organizó a los nuevos discípulos para crecer en la vida de santidad.
En este sentido, fue un verdadero pionero de la evangelización a través de los grupos pequeños. Hacia fin del siglo XVIII, el metodismo había desarrollado más de diez mil grupos celulares, llamados “clases” o “reuniones de clase” –class meetings-.[1]
Las “clases” sirvieron en el desarrollo del metodismo primitivo como la herramienta por excelencia de la evangelización y como un medio para el discipulado. Como precursor del movimiento celular moderno, Wesley promovió la evangelización que llevó a una rápida y notoria multiplicación. La metodología consistía en una predicación al aire libre y la posterior invitación a que las personas se unieran a una “clase”. El objetivo primario de la predicación evangelística era iniciar nuevas “clases” donde principiar el discipulado.
Las “clases” eran grupos de aproximadamente doce personas que se reunían semanalmente con un líder laico para facilitar la formación espiritual y doctrinal de los nuevos conversos, el ejercicio de una disciplina[2] colectiva, el cuidado pastoral de los miembros.
Wesley estaba convencido de que un nuevo creyente no había hecho una decisión efectiva por Jesucristo hasta que no se involucraba en un grupo pequeño. Su interés estaba puesto en el discipulado antes que en la decisión, asimismo enfatizaba más el crecimiento en el fruto del Espíritu Santo – la vida de santidad – que en el desarrollo de los dones.[3]
Por ello, nos proponemos investigar el contexto en que se origina el sistema de “sociedades”, “clases”, “bandas” y “sociedades selectas”, como así analizar su modalidad de funcionamiento, focalizándonos en las “reuniones de clase”, dando cuenta, finalmente, de las causas de la declinación de estas últimas.
Influencias y antecedentes
Creemos que las “influencias” o fuerzas de renovación nos servirán para ubicar la “renovación metodista” con su sistema de pequeños grupos en su contexto histórico y para apreciar lo que existe de verdaderamente nuevo en ella.
El fundador del metodismo asimila la influencia de diversas corrientes, formalizando una síntesis bastante compleja.
Wesley, antes de adoptar la metodología de pequeños grupos, había sido influenciado por las sociedades religiosas de la Iglesia de Inglaterra y por las “bandas” moravas, de las cuales aplicó muchas de sus ideas y prácticas. Precisamente, él mismo describe lo que fueron para él los tres hitos que marcaron los “comienzos” del metodismo:
El lunes primero de mayo comenzó nuestra pequeña sociedad en Londres. Puede observarse lo siguiente: el desarrollo del llamado metodismo comenzó primero en noviembre de 1729, cuando cuatro de nosotros nos reunimos en Oxford; en segundo lugar en Savannah, en abril de 1736, donde se reunieron veinte o treinta personas en mi casa; y finalmente, en Londres, en el día ya mencionado, cuando unos cuarenta o cincuenta de nosotros nos pusimos de acuerdo en reunirnos todos los miércoles de noche con el fin de poder conversar con libertad, comenzando y terminando la reunión con canto y oración.[4]
El Club Santo de Oxford
El primer surgimiento del metodismo, el Club Santo de Oxford, siguió un precedente establecido alrededor de cincuenta años antes por las sociedades religiosas de la Iglesia de Inglaterra.
Los miembros estaban interesados en la lectura y la discusión de los clásicos, pero sus motivaciones fueron más religiosas que intelectuales. Practicaban todas las ordenanzas de la Iglesia. Adoptaron una estricta disciplina.
Sus reuniones incluían actividades de estudio y devocionales, pero con reglas para ejercitar una vida de santidad. Las acciones de caridad dentro de la comunidad les dieron cierta notoriedad al grupo entre sus compañeros universitarios. Fue después de dos años que el término “metodista” les sería aplicado. El pequeño grupo de estudiantes empezó a demostrar muchas de las características que identificaron al movimiento por todo el resto del siglo.
Sin embargo, la variedad de actividades que caracterizan la imagen pública no fueron, en su mayoría, originadas por Wesley mismo. El reconocido liderato de Wesley en el movimiento vino de su habilidad de reunir esta variedad de actividades con un sentido de propósito, el cual dio dirección e impulso espiritual en la búsqueda de la santidad. Otros grupos bajo el emblema general del estandarte wesleyano, empezaron a brotar también alrededor de Oxford. [5]
El método de Wesley no tuvo un esquema estático y establecido, sino una manera de acercarse a la vida que creció, se desarrolló y cambió a medida que él se enfrentó a diversas crisis, tuvo una perspectiva adicional y conoció nuevos amigos.
Savannah, Norteamérica
El segundo surgimiento del Metodismo en Savannah muestra la adaptación de la práctica de la reunión en grupos pequeños “bandas” para edificación mutua, y el reconocimiento que, sumado a su valor como un medio de organización eclesial, tales grupos íntimos podían ser un medio de gracia.
Wesley no utilizó la palabra “banda” para describir la pequeña agrupación, y en su descripción no hay aún una apreciación de la dinámica de la hermandad morava. Pero claramente había habido un impacto. En el tercer “surgimiento” del metodismo, con la formación de la Sociedad de Fetter Lane, vemos que las “bandas” fueron una de sus características distintivas.
La Sociedad de Fetter Lane
En el tercer surgimiento del metodismo, la Sociedad de Fetter Lane –formada en Londres el 1° de mayo de 1738- mostraba la influencia morava adoptando “bandas” como una parte integral de su organización, aunque ésta estuviera estructurada como una sociedad religiosa anglicana. De esta manera, este tercer surgimiento fue el resultado de la combinación de influencias anglicanas, metodistas y moravas.
Esta Sociedad fue uno de las más importantes experiencias de grupo lideradas por Wesley, antes de que el formato metodista tuviera lugar. Se trataba de una reunión de cuarenta a cincuenta personas, la mayoría de nacionalidad alemana, los días miércoles a la noche, en la ciudad de Londres, con fines de adoración y apoyo mutuo.
Fetter Lane se formó como una Sociedad Religiosa asociada a la Iglesia de Inglaterra, pero fue alterada sustancialmente en formato y metodología por innovaciones tomadas de los moravos. Allí, Wesley compartía el liderazgo del grupo con el moravo Peter Böhler.
Esta Sociedad se separaba en “bandas” de cinco a diez personas del mismo sexo, quienes se reunían dos veces a la semana. Los participantes estaban más abiertos para compartir sus sentimientos verdaderos, una vez que ellos percibían que sus líderes de grupo eran pares, no superiores. La influencia morava fue fundamental al innovar utilizando laicos como líderes de “bandas”, ya que los moravos creían fervientemente en el sacerdocio universal de los creyentes.
Las “bandas” moravas eran un marco ideal para el desarrollo de la devoción personal y el cultivo de un modo de vida “radical”. Eran para aquellos que habían recibido remisión de pecados y estaban llevando una vida ejemplar. Pero Wesley notaba que un vacío en la estructura de la sociedad era que las personas que no integraban las “bandas” no tenían un grupo en el cual buscar apoyo y guía. Esta percepción fue lo que con posterioridad dio lugar a la creación de las “reuniones de clase”.[6]
Los dos años de experiencia en la Sociedad de Fetter Lane fueron muy importantes en el desarrollo de la estrategia grupal de Wesley.
Desarrollo final: La Sociedad de “La Fundición”
El sistema grupal metodista alcanzó su desarrollo final con el establecimiento de la Sociedad de la “Fundición” en Diciembre de 1739. Durante tres años varias características nuevas fueron agregadas al formato grupal metodista, el cual se mantuvo prácticamente durante los restantes cincuenta años del ministerio de Wesley.[7]
En su experiencia con la “predicación de campo”, Wesley reconoció la necesidad de una herramienta o método por el cual asimilar a la iglesia a los recién evangelizados.
Wesley proponía predicar en cuantos lugares se pueda. Comenzar tantas “clases” como se pueda. Y no predicar sin iniciar nuevas “clases”. Wesley enseñaba que las nuevas “clases” necesitaban pastores y que no resultaba conveniente comenzar más grupos de los que el movimiento pudiera administrar. Wesley relata los inicios de las Sociedades Metodistas:
1. A fines del año 1739 unas diez personas se allegaron a mí en Londres, revelando estar profundamente convencidas de ser pecadoras y clamando seriamente por su redención. El grupo deseaba (igual que dos o tres más que vinieron el día siguiente), que pasara con ellos un tiempo orando y aconsejándoles cómo huir de la ira venidera que sentían continuamente suspendida sobre sus cabezas. Para poder disponer de más tiempo para esta importante tarea, designé un día en el cual todos pudieran venir, lo que desde entonces hicieron semanalmente los jueves por la noche. A éstos, y todos los que desearan unirse a ellos (pues su número aumentaba cada día), les brindaba regularmente aquellos consejos que juzgué les eran más necesarios, y siempre terminábamos la reunión con oraciones apropiadas según sus variadas inquietudes.
2. Este fue el surgimiento de la Sociedad Unida, primero en Londres y luego en otros lugares. Tal sociedad no es otra cosa que un grupo de personas que tienen la apariencia, pero buscan la eficacia de la piedad, unidas con el propósito de orar juntas, de recibir la palabra de exhortación y de cuidarse mutuamente con amor, ayudándose unas a otras a ocuparse de su salvación.[8]
Los nuevos desenvolvimientos teológicos y las nuevas experiencias pastorales de Wesley hicieron que el 23 de julio de 1740 abandonara la Sociedad de Fetter Lane y reforzara su trabajo en la Sociedad de la Fundición, la primera Sociedad genuinamente establecida por él en Londres en diciembre de 1739.
Gradualmente, Wesley fue introduciendo en la práctica de esta Sociedad revisiones y cambios al modelo moravo. Las diferencias contextuales entre Alemania e Inglaterra tornaban prácticamente imposible para Wesley su pueblo adoptar las disciplinas moravas de Herrnhut basadas, según el propio Wesley, en principios tgeológicos que no respondían a los desafíos y oportunidades que el avivamiento metodista en Gran Bretaña enfrentaba.
A pesar de los nuevos paradigmas teológicos y pastorales que Wesley estaba desarrollando en sus propios términos sobre la práctica personal y comunitaria de santidad, el metodismo naciente no había encontrado los medios pos los cuales pudiera establecer una co-responsabilidad comunitaria por la práctica interconectiva entre las obras de misericordia y las obras de piedad. Tal descubrimiento sucedería en Bristol en el año 1742.[9]
Otras influencias
Las Sociedades de De Renty
Citamos al artículo de Daniel Bruno: El laico católico Gastón de Renty (1611-1649) fundó en Francia la “Compañía del Sagrado Sacramento” que tenía como meta profundizar la vida piadosa de sus miembros e invitar a otros, a fin de cristianizar la sociedad a través de su ejemplo y buenas obras. Samuel Wesley mencionó a las Sociedades de De Renty como modelos para la formación de las Sociedades Religiosas Británicas. Su padre Samuel hizo conocer la biografía de De Renty a su hijo Juan cuando este era un estudiante en Oxford. Esta impactó de tal manera en la vida de Juan, que en 1758 afirmó que ese libro había sido su favorito.[10].
Según Henderson, aunque hubo parecidos entre las sociedades religiosas y las de De Renty, también existieron importantes distingos. Opina este autor que el foco de los grupos anglicanos fue el crecimiento personal a través del cuidado y atención de ellos mismos. En cambio, De Renty concibió este crecimiento mediante el servicio a las necesidades de los otros. Los anglicanos esperaban que el servicio cristiano fuera un eventual logro de su búsqueda para la santidad personal; De Renty veía este servicio como el contexto en el que se desarrollaba esa santidad. Wesley se volcó hacia el segundo énfasis –crecimiento a través del servicio, guardando a sus grupos lejos del misticismo y la introspección de un grupo centrado en sí mismo, mientras que mantuvo la responsabilidad del “dar cuentas” personales en la experiencia religiosa. Wesley reconocía que la preocupación en la propia espiritualidad podría fácilmente llevar a ese egocentrismo del que su movimiento tendía a huir.[11]
Su madre y el puritanismo
Una tendencia clave del metodismo se evidencia claramente en la filosofía educativa de Susana de Wesley: El manejo de la voluntad. Siguiendo los escritos de los místicos y puritanos que la habían impresionado, consideraba al propio deseo como la raíz de todo pecado y miseria, ensañando así a sus hijos que la esencia del cristianismo era hacer la voluntad de Dios más que la propia. Si el deseo propio no era conquistado, consideraba que los niños nunca estarían libres para alcanzar buenos logros. De esta manera cultivó la disciplina familiar y la piedad interior.
Este énfasis en la disciplina personal y la sumisión espiritual se convirtió en un componente esencial de la estrategia educacional de John Wesley para aplicar a las masas urbanas que poblaban los centros industriales ingleses.
Otro tema importante en la casa paterna de Wesley fue el celo espiritual para el “cuidado y la cura de almas”. Siguiendo el ejemplo del líder puritano Richard Baxter –gran amigo de su padre-, los Wesley concentraban sus energías en apuntalar el crecimiento espiritual en ellos y en los otros.
También es de destacar, como nos recuerda Henderson, que la madre de Wesley, Susana, compartía el ideal puritano de su propio padre, quien visualizaba a la familia como una pequeña Iglesia, donde la adoración, la lectura de la Biblia, el catequismo y la instrucción personal proveían un marco para toda la vida compartida del hogar.[12]
Para Susana de Wesley, lo supremo en el hogar era la religión. Se preocupaba por la educación religiosa de sus hijos con extremo celo. En el año 1712 escribió a su esposo: “He resuelto comenzar con mis propios hijos y, por lo tanto, me propuse observar el método siguiente: Me tomo, de la porción de tiempo que puedo ahorrar cada noche, lo necesario para discurrir con cada uno de ellos separadamente acerca de lo que fuese su principal necesidad.” En el mismo año en que escribió esa carta es que comenzó a tener reuniones en su casa, con exhortaciones y lectura de sermones, mientras su esposo estaba ausente durante diversos meses. Ciertamente esas reuniones deben haber dejado honda impresión en la mente del entonces niño John Wesley.[13] Según Rack, se trató de un “prototipo de actividad metodista posterior”.[14]
Parte del genio del movimiento metodista fue su el centralizarse en los individuos y sus necesidades particulares, así como Susana lo había hecho con cada uno de sus hijos.
José Carlos De Souza señala que John Wesley incorporó dos importantes conceptos puritanos: el sacerdocio universal de todos los creyentes y, principalmente, el de “iglesia reunida”. Los paralelos con las “sociedades” metodistas son notables, como, por ejemplo: el acento dado a la iglesia como fraternidad de creyentes, en la cual la vida de disciplina no prové apenas soporte y ayuda mutua, sino también ánimo en un ambiente marcado por la hostilidad; la adhesión a la santidad como meta de la vida en comunidad; la insistencia sobre la libertad de opinión; el valor atribuido a los pequeños grupos; la primacía de la misión y del ministerio sobre la orden eclesiástica; el potencial revolucionario de la praxis cristiana, en oposición al individualismo hegemónico de la visión mística y contemplativa.[15]
En el siglo anterior, había conventículos puritanos que, a la sombra del Estado y de la religión oficial, se reuníanpara celebrar la fe y se constituyeron como asociaciones fraternas en las cuales el apoyo y el estímulo mutuo, en tiempos de persecución, eran indispensables. Recordemos que la ascendencia familiar de Wesley, tanto por línea materna como paterna, se encontraba entre los no conformistas y sufrió las persecuciones y restricciones legales entonces impuestas.
Sus lecturas
Los escritores devocionales lo proveyeron a Wesley con las herramientas de modelación de la conducta. Él afirmaba que sus influencias formativas en su forma de vida estuvieron basadas en cuatro libros: Thomas A. Kempis: “Imitación de Cristo”. Jeremy Taylor: “Vida Santa y muerte y Willam Law: “Perfección Cristiana” y “Una seria llamada a una vida Devota y Santa”[16].
De Kempis, adoptó la rectitud y honradez de corazón; de Taylor, la necesidad de llevar una vida metódica ordenada y piadosa, y de Law, el impulso ético como correctivo de una mera experiencia interna.[17]
El eje de esta vertiente ética está dado por el modelo de imitatio christi. La imitación de Cristo no se reduce a una mera piedad personal, sino a una acción de la fe obrando en amor. Jesucristo es el que enseña con su Palabra y su propia vida cómo vivir una vida de amor, por lo tanto, la tarea del cristiano es imitarlo (función modeladora). El centro significante del cristianismo es la respuesta del amor.[18]
Esta es la tarea de la vida cristiana misma: “la verdadera religión es el amor a Dios con todo el corazón y al prójimo como a nosotros mismos; y en ese amor, abstenernos de todo mal y haciendo todo el bien posible a todos.”[19]
“Yo he aprendido que el verdadero cristianismo no consiste en opiniones, formas ni ceremonias, sino en santidad de corazón y vida. En una completa imitación de nuestro divino maestro.”[20]
La base bíblica de este paradigma es el Sermón del Monte, al que Wesley le dedicó trece sermones que constituyen, básicamente, el compendio de los fundamentos bíblicos para la ética wesleyana de imitación.
La ética del amor tiene una directa implicancia social. Ética de imitación que no sólo se espera del individuo, sino de la comunidad. Así como el cristiano debe imitar a Cristo, la comunidad debe imitar a la iglesia primitiva.[21]
Las sociedades religiosas
La contraparte inglesa a los collegia pietatis fundados por Felipe J. Spener –“escuelas de piedad”: principalmente de personas laicas, que se encontraban para discutir las Escrituras, para compartir sus experiencias espirituales y para animarse mutuamente a una vida de fe más entusiástica – fueron las sociedades religiosas. Estas siguieron alguno de los modelos de ciertas tendencias pietistas y místicas al mismo tiempo que en el continente europeo. Estos modelos fueron adaptados a la vida y pensamiento de la Iglesia de Inglaterra.
Las sociedades comenzaron en Inglaterra por el esfuerzo del Dr. Anton Horneck –pastor luterano alemán asentado en Inglaterra- y él recibió la idea de Jean-Baptiste De Renty (1611-1649) en Francia. También Howell Harris, quien era contemporáneo de Wesley y Whitefield, había utilizado este método en el avivamiento en Gales.
Estas sociedades religiosas fueron también grupos pequeños de laicos que representaban una fusión casi espontánea de moralismo y devocionalismo, con un fervor para promover “santidad de corazón y vida” reales. Estas sociedades fueron realmente asignadas a la iglesia establecida por medio de las reglas que estipulaban que cada grupo local estuviera bajo la guía de un ministro de la Iglesia Anglicana.
El movimiento no estuvo marcado por un fervor evangelístico. Las reuniones fueron divididas primeramente para ofrecer apoyo mutuo, compañerismo, en el desarrollo de una piedad devocional basada en el estudio de la Biblia y de otros trabajos religiosos y para ayudar a promover una vida de santidad y moralidad personal. Las sociedades tenían una lista de deberes particulares, cada uno con su cita bíblica, que estimulaban a una piedad y participación más activa en la Iglesia de Inglaterra y una preocupación por realizar obras de caridad.
Estas agrupaciones promovieron los aspectos prácticos del discipulado cristiano y se involucraron crecientemente en la atención a los pobres –tal vez esto fue lo que tuvo más impacto sobre Wesley-, alivio a los deudores, visitación a los enfermos, ayudando a los huérfanos y fundando escuelas. Estuvieron también abiertas a la predicación de Wesley cuando las congregaciones anglicanas locales le cerraban sus puertas y púlpitos.
Las sociedades tenían una disciplina, reprendiendo la inmoralidad hasta en el dominio público. Sobre esta base, las sociedades trataron hasta cierto punto de ejercer su influencia dentro de la sociedad inglesa. Fomentaron ciertas causas de benevolencia a las cuales los miembros se subscribían regularmente de acuerdo a lo que sus circunstancias les permitían.[22]
La seriedad de las sociedades religiosas obtuvo el respeto de muchos –fue la fuerza más activa de renovación de la Inglaterra de esa época-. Alcanzando importantes proporciones y asumiendo ciertas responsabilidades en la lucha contra el vicio, la educación y la obra misionera. Aquí se entronca la obra de Wesley, pues en estas sociedades comenzó a hallar expresión concreta su preocupación por la renovación religiosa en Inglaterra. La limitación de las sociedades era, por una parte, su carácter un tanto aristocrático y, por otra, un cierto “voluntarismo”.
Desde muy jovencito, Wesley había visto la práctica de las sociedades, ya que su papá comenzó una Sociedad para la Propagación del Conocimiento Cristiano (SPCK) en Epworth.
Aunque todas las sociedades religiosas tenían como propósito “la santidad de corazón y de vida”, se podían distinguir varias formas y momentos entre ellas:
– Las sociedades apologéticas y catequéticas pusieron énfasis en desarrollar una vida espiritual más disciplinada, por medio de cultos vespertinos y charlas sobre las prácticas religiosas. A través de las invocaciones, colectas, lecturas y exposición de las Escrituras, comentarios de los miembros y un discurso de fondo para promover la santidad de vida, el clero buscó el apoyo y estímulo mutuo de los miembros.
– Las sociedades moralistas se caracterizaban por una preocupación personal y social. Atacaban el problema de la inmoralidad y la irreligiosidad sobre una base individualista y personal, promoviendo las obras de misericordia y de servicio social.
– Las sociedades con énfasis filantrópico y educativo, como la citada SPCK. Su suposición fundamental era que el incremento del vicio y la inmoralidad se debía a la ignorancia de los principios cristianos y, por tanto, buscaba el remedio en la educación y la difusión de la literatura cristiana. Esta sociedad fundaba escuelas para enseñar a los pobres, promovía el establecimiento de bibliotecas y de programas para la educación de los presos, distribuía libros de religión y catecismo entre la gente y apoyaba la obra misionera.[23]
En las sociedades religiosas se dieron una serie de elementos que aparecerían luego en el sistema de grupos metodista: 1) el procedimiento de admisión de miembros; 2) la supervisión de la conducta pública y privada de los mismos; 3) las reuniones semanales; 4) la restricción a un limitado número de miembros; 5) la terminología de “sociedad” y “mayordomo” y, en especial, 6) el creciente liderazgo laico.[24]
Los moravos
Por supuesto Wesley, como buen empirista Británico, fue perfeccionando el modelo de las “sociedades”. Regresando de Georgia, Norteamérica, en 1738, Wesley fue a visitar a la sede de los Moravos en Herrnhutt, Alemania, para conocer como ellos organizaron su comunidad. Allí Wesley encontró módulos más chicos en las “bandas”. Tomado de las ecclesiola in ecclesia de Philip Jacob Spener estos pequeños grupos practicaban la rendición de cuentas mutua. A diferencia de la membresía mixta de las sociedades de Inglaterra, las “bandas” tienen una participación específica por edad y sexo. Bajo la dirección del Conde Zinzendorf, en esta comunidad vivían juntos en casas con un supervisor (almoner). Existían noventa “bandas” dentro de la comunidad divididas por edad, sexo y estado civil.[25] Wesley trajo de regreso la idea de las “bandas” a Inglaterra para discipular aún mejor a los incipientes metodistas.
Según Michael Henderson, los moravos practicaban una distinción educativa que luego fue un hito del metodismo: la separación entre instrucción y edificación: Los moravos impartían sesiones de instrucción en los denominados “coros”. Las “bandas” eran para animarse personalmente, compartir confesiones y testimonios de experiencia espiritual.
Los moravos también proveyeron a Wesley del concepto básico para organizar una renovación dentro de la Iglesia de Inglaterra. El conde Zinzendorf creía, como Spener, que la forma de restaurar y revitalizar las organizaciones eclesiales era la proliferación de grupos de renovación dentro del marco oficial de la supra-organización. Esta era lo que los pietistas conocían como ecclesiola in ecclesia y en ello Wesley reconoció un modo para brindar nueva vida a las estructuras rígidas de la Iglesia de Inglaterra. Este concepto mantenía un riguroso balance entre la espontaneidad y el orden, el entusiasmo y la autoridad establecida. [26]
También hay que destacar cuando David Bosch afirma que se percibe un grado mínimo de separación entre lo soteriológico y lo humanitario durante el siglo XVIII y la primera parte del siglo XIX. Los misioneros persistían en la tradición, anterior a la Ilustración, de la indisoluble unidad entre “evangelización” y “humanización”… entre “servicio al alma” y “servicio al cuerpo”… entre la proclamación del evangelio y la extensión de una “cultura benefactora”.[27]
Merece mención especial, como un ejemplo sobresaliente de lo que hoy llamamos misión integral, la obra misionera que los moravos llevaron a cabo en el siglo XVIII. Para Nikolaus von Zinzendorf (1700-1760), el fundador del movimiento que infundió nueva vida al pietismo, el agente de la misión no era la Iglesia, caracterizada por la ortodoxia muerta, sino la pequeña comunidad de cristianos comprometidos, la ecclesiola in ecclesia. En conformidad con esta perspectiva, se enviaban pequeños equipos de misioneros moravos con el mandato de formar “casas de peregrinos” o “residencias de emergencia” en lugar de iglesias al estilo europeo.
De los moravos, Wesley incorporó varios aspectos a su visión como, por ejemplo, el énfasis en la experiencia y en una religión de corazón; la centralidad de la fe; la articulación dialéctica entre eclesiología y soteriología; el valor de los pequeños grupos como expresión auténtica de la fraternidad eclesial; la partipación de todos los miembros en diferentes ministerios; la intensidad de la vida devocional; la elevada estima por los himnos; la reintroducción de prácticas litúrgicas en desuso como el “Ágape” O “Fiesta de Amor” y las vigilias; y el renovado interés misionero.
A cambio de las “sociedades” y “bandas”, quienes fueron organizados a propósito, las “reuniones de clase” comenzaron al azar, como posteriormente veremos.
La Organización de los Grupos
Wesley creía que los grupos pequeños eran el instrumento de Dios para implementar el cambio. Él comprendió que el cambio a largo plazo requería una estructura orgánica eficaz, y así trabajó mucho para construir una amplia red de grupos pequeños.
La “Sociedad”
- Los que aceptaban la invitación en la predicación al “aire libre” formabanla sociedad.
- La sociedad era la congregación activa de un área determinada. A diferencia de las otras sociedades religiosas británicas, podían llegar a estar integradas por varios cientos de miembros.
- Wesley lo definía como la compañía de personas que no solamente buscan la forma externa de piedad, sino también su poder (en contraposición a los de apariencia solamente, mencionados en 2 Tim. 3:5), unidos para orar juntos, para recibir la palabra de exhortación, para cuidarse el uno al otro en amor, a fin de que cada uno se ayude a ocuparse en nuestra salvación.
- El propósito era de instruir a todos en cuanto a las doctrinas y disciplinas cristianas.
- Wesley entregaba boletos a los fieles –la cantidad de miembros lo ameritaba-, válidos por un trimestre, sin los cuales nadie podía asistir a las reuniones de la Sociedad, “reuniones de clase” y fiestas de amor. La fiel asistencia a la “clase” era parte de lo que constituía la fidelidad. Estos “tickets de clase” eran tarjetas pequeñas que llevaban el nombre del miembro, un versículo bíblico, la fecha y la firma del ministro.
- Sus métodos eran la lectura, predicación, cantar himnos y exhortación. Por lo tanto, no había ocasión para que la gente se hiciera preguntas.
- Se reunían en capillas sencillas, sin adorno y sin instrumentos.
- Las reuniones solían tener entre 50-150 miembros.
- Las “sociedades” eran divididas en “clases” de diez-doce personas.
- Además, todos eran animados a formar parte de una “banda” de cuatro o más personas.
La “Clase”
- Cada “clase” era dirigida por un líder que preguntaba en una “clase” semanal por el estado del alma de cada uno y aclaraba inquietudes acerca del sermón o de algún aspecto de doctrina.
- También el líder hacía informes de cada miembro para la revisión de Wesley o alguien quién él nombraba.
- El miembro tenía que tomar una actitud seria hacia su crecimiento espiritual y no faltar más que 3 veces al trimestre (a menos que hubiera situación emergente).
- Todos contribuían un centavo cada reunión para ministerios y misiones.
- Los de afuera eran permitidos visitar 2 veces antes de decidir si querían ser miembros o no. Fue así para no dañar el ambiente íntimo y sensible del grupo, porque trataban asuntos muy personales.
Función de la “Clase”
- Proveía el ambiente necesario para convertir en experiencia lo que ya habían oído y aprendido intelectualmente.
- Servía como un mecanismo para purgar la iglesia de “cristianismo de bancos.”
- Servía como campo de entrenamiento para los líderes.
- Servía como el punto de entrada, capaz de incorporar a un gran número de gente nueva rápidamente.
- Pudo financiar el movimiento con la colección semanal.
- Proveía un registro inmediato y constante del tamaño del movimiento por su sistema de contabilidad.
- Obligaba una movilización y participación del cien por ciento de su membresía.
- Daba voz a cada miembro en las cuestiones del metodismo.
- Permitía que cada uno aprendiera como expresar sus sentimientos.
- Proveía la forma de resolver conflictos dentro de la sociedad con confrontación inmediata y personal.
La “Banda”
- Solamente se podía pertenecer a una “banda” si tenía el visto bueno de los demás miembros.
- La “banda” fue una novedad tan grande en esos días que recibió crítica fuerte y constante, pero Wesley insistía en promoverlas, sin exigirlas.
- Aproximadamente el. 25% de los metodistas de aquel entonces pertenecían a una “banda”.
- No se permitía visitas.
- Wesley experimentó con esta “terapia en grupos” un siglo y medio antes de que fuera aceptado como una práctica científica de la sicología.
- Las “bandas” tenían cuatro o más personas.
- Fueron formados con gente que “quería lograr una unión más cercana; que quería revelar su corazón sin reserva, especialmente en cuanto a aquellos pecados que todavía le hacía tropezar y las tentaciones que más frecuentemente le dominaban.”
- Estas personas tenían aun más ganas de participar en todo esto cuando observaban que era exactamente lo que aconsejaba la Biblia: “Confesaos vuestras faltas unos a otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho.” Así que, conforme a su deseo, Wesley los dividió en grupos más pequeños, ubicando los hombres casados y solteros en un grupo y las damas casadas y solteras en otro grupo.
La “Sociedad Selecta”
- Personas ejemplares escogidas por Wesley que servían como:
- Un grupo modelo (prototipo) del metodismo.
- Un grupo que le podía ayudar a Wesley a desarrollar el pensamiento y política del metodismo y a darle consejo y crítica constructiva en cualquier asunto.
- Un grupo de confidentes, entre los cuales Wesley podía confiar y compartir sus cargas y problemas; un refugio para Wesley, y se supone para los demás también.
- Un grupo en el cual los más celosos por ser santos tenían la oportunidad y ambiente para lograrlo.[28]
Dentro de los grupos pequeños en el metodismo naciente, nos vamos a centrar en la “reunión de clase”.
Inicios y funcionamiento de las “reuniones de clase”
Si bien es de destacar que la “banda” fue el modo original de los pequeños grupos metodistas, de los cuales los otros surgieron, las “reuniones de clase” nacieron como un método más adecuado para suplantar a las “bandas” como grupo de ingreso al movimiento de renovación.
Las “reuniones de clase” comenzaron accidentalmente. Wesley cuenta:
El 15 de febrero de 1742, se reunió en Bristol un buen número de personas con el fin de encontrar un método correcto para pagar la deuda pública contraída al edificar. Se acordó (1) que cada miembro de la sociedad que estuviera en condiciones de hacerlo, contribuyera con un penique por Breve historia del pueblo llamado metodista 281 semana; (2) que toda la sociedad se dividiera en pequeños grupos o clases, con unos doce en cada una; y (3) que una persona en cada clase recibiera la contribución semanal de todos y la entregara, semanalmente, a los mayordomos. Así comenzó esa excelente institución, simplemente debido a una cuenta temporal, de la cual hemos cosechado tantas bendiciones espirituales, lo que nos indujo a aplicar el mismo sistema en todas nuestras sociedades.[29]
La deuda que Wesley había asumido para los edificios en Bristol y Londres era pesada. En febrero de 1742 se reunió con varios líderes de la sociedad de Bristol para considerar distintas maneras de pagar la deuda del nuevo salón.
El capitán Foy propuso que cada uno en la Sociedad contribuyera con un penique a la semana, un método común de suscripción usado en las sociedades religiosas y ya puesto en práctica en la Sociedad de la Fundición para asistir a los pobres. Pero alguien protestó diciendo que muchos de los miembros de su Sociedad eran muy pobres y no podían proveer tanto, dar un chelín al año, lo que era equivalente al costo de una pequeña bolsa de azúcar o tres lápices.
La solución innovadora de Foy fue simple: dividir esa sociedad en grupos de doce, cada uno con un líder que sería responsable por entregar doce centavos a la semana, supliendo ellos lo que faltaba. También se ofreció para hacer su grupo de los once más pobres de las “sociedades”. Su ofrecimiento fue aceptado; otros siguieron su ejemplo, y fue aprobado.
La Sociedad fue dividida en “clases” (del latín classis “división”) del mismo barrio de doce personas, cada “clase” con un líder asignado. Dos meses después, el mismo plan fue puesto en acción en Londres en la Sociedad de la Fundición.[30]
La importancia de las “clases” pronto superó el diseño original. Como los líderes empezaron su recorrido semanal relacionado a todos los miembros de la sociedad, pronto descubrieron problemas: disputas domésticas, borracheras y otros tipos de comportamiento no indicativos de la búsqueda de santidad. Wesley vio la oportunidad pastoral presentada por la estructura práctica de las “clases”: Los líderes de la “clase” llegaron a ser vigilantes espirituales de su grupo.
Mientras los líderes visitaban a la gente para recolectar las contribuciones para hacer frente al pago de la hipoteca, aprovechaban la oportunidad para hablar con ellos, escuchándolos y exhortándoles. Fue así que se dieron cuenta que estas visitas eran verdaderas oportunidades para la atención pastoral.
Wesley se reunía semanalmente con los líderes, si era posible. Este método ayudó a Wesley a sobreponerse a la dificultad de conocer a cada miembro en esas “sociedades” de rápido crecimiento, y extender el toque personal de vigilancia pastoral (y disciplina).
Por causa de una variedad de razones, llegó a ser de ventaja reunir a los miembros de las “clases” en lugar de visitarlos a cada uno en sus hogares. [31]
No obstante, desde un punto de vista financiero, el esquema de contribuciones semanales en las “clases”, en un principio temporario, resultó exitoso; así fue que continuó después de la cancelación de las deudas contraídas para los lugares de reunión:
El temario de la “reunión de clase” era las experiencias personales, no asuntos doctrinales o estudios bíblicos. Apuntaba a la santidad personal; o lo que Wesley llamó “amor perfecto”, o al carácter de Cristo.
No obstante, la instrucción también era importante. Prueba de ello es que en las “clases” el líder no sólo inquiría cuidadosamente acerca del estado del alma de sus miembros, sino también acerca de la comprensión del mismo. De esta manera, cualquier malentendido podría ser corregido inmediatamente. Así, exhortaba a sus colaboradores a reunirse con su membresía individualmente, diciendo: “He encontrado por la experiencia, que uno de ellos ha aprendido más en una hora de ‘charla íntima’ que en más de diez años de predicación pública”.[32]. Resumía así su confianza en el proceso que se desarrollaba en la “reunión de clase”.
Según las “Reglas Generales para las Sociedades Metodistas”, redactadas en 1743, para ser miembro de estos grupos el único requisito era desear ser salvo. Pero ese deseo se debía hacer patente evitando lo malo, haciendo lo bueno –obras de misericordia- y usando los “medios de gracia” –obras de piedad-. Citamos a Wesley:
Hay sólo una condición previa que se requiere de los que deseen ser admitidos a estas sociedades: el deseo de huir de la ira venidera y de ser salvos de sus pecados; anhelo éste que se verá confirmado en sus frutos. Por lo tanto, se espera que todos los que continúen en la sociedad sigan dando evidencias de su deseo de salvación, en primer lugar, no haciéndole daño a nadie, evitando toda forma de mal… En segundo término, practicando el bien, siendo misericordioso en la medida de su capacidad, y haciendo el bien a todos de la manera más amplia según tenga oportunidad… En tercer lugar, asistiendo a las ordenanzas de Dios (el culto público a Dios; la Cena del Señor, la oración familiar y privada; el escrutinio de las Escrituras y el ayuno o abstinencia). De la misma manera, acordaron reunirse los viernes todos los que tuvieran oportunidad de hacerlo y ocupar la hora de la cena en rogar a Dios, tanto por ellos mismos como por toda la humanidad.[33]
Cristo nos ofrece su salvación invitándonos al arrepentimiento y reconciliándonos con Dios. Pero, para que esta nueva relación prosiga, debe haber un discipulado obediente de tal manera que la vida del creyente sea transformada según el modelo de Cristo. Esto hace que las “reuniones de clase” sean un modelo tan relevante para el discipulado, equipándonos para ser auténticos cristianos. Allí, semanalmente, los miembros daban testimonio de su obediencia a Cristo, recibían instrucciones y disciplina y velaban los unos de y por los otros, ayudándose mutuamente en el mantenimiento de su salvación. Se trataba de un verdadero grupo de apoyo espiritual para la transformación de vidas, como así de un impulsor donde los miembros decidían salir al encuentro de otras personas en su comunidad. Así, la organización metodista no dejaba a ningún miembro sólo en su caminar con Cristo.
En estos grupos pequeños se hacía teología, trabajando con la relación entre Dios y Su voluntad para con sus hijos, y el contexto en que ellos vivían.
Las tres reglas citadas, surgidas en los escritos de Wesley a menudo en el contexto del arrepentimiento, demuestra que la finalidad misma de la “reunión de clase” era fomentar el arrepentimiento de una antigua forma de vida a una nueva de tal manera que los pecados sería abandonados a su tiempo y se expresaría la gracia de los dones del Espíritu y del santo amor que surgen en la comunidad y en los corazones de sus miembros. El genio del sistema metodista, entonces, se puso de manifiesto en su creación al estar abiertos a todas las personas, no sólo los anglicanos, y, sin embargo, aplicar una disciplina procurando inculcar el cristianismo adecuado a las Escrituras. De esta manera, abierta, los pecadores voluntarios, los que se negaban a arrepentirse y a renunciar a sus malos hábitos de vida, no se toleraban en las “clases” metodistas, no sea que el cuerpo entero se corrompiese.
En casi todas las otras formaciones del metodismo, Wesley había insistido en la separación de sexos. Pero las “reuniones de clase” fueron la excepción. Ellas resultaron una experiencia en el desarrollo de pequeños grupos. El liderazgo de las “clases” metodistas estuvo abierto a mujeres, y muchos de los grandes nombres del metodismo temprano, quienes comenzaron como líderes de “clase”, fueron del sexo femenino.
Al principio, las sesiones de “clase” se realizaban en hogares, tiendas, aulas escolares, áticos, etc. A medida que las capillas metodistas estuvieron disponibles, las “clases” se reunieron en pequeñas habitaciones acondicionadas a esos efectos.
El formato de la “reunión de clase” consistía en iniciarla –puntualmente, a la hora establecida- mediante un himno corto, seguido por la declaración del líder de la condición de su propia vida. Luego de que éste diera un breve testimonio acerca de la experiencia de la semana previa, agradeciendo a Dios los progresos y compartiendo cualquier falta, tentación o dificultad espiritual. En tal sentido, el líder modelaba el rol para que los demás lo siguieran.[34]
Así, el contenido central de la “reunión de clase” consistía en compartir en forma disciplinada la experiencia personal, el cómo podían vivir y ejercer la fe durante la semana. Cada persona hablaba de su experiencia y tenía la oportunidad de expresar sus inquietudes, sus dudas y sus alegrías. La actividad central no era el brindar información doctrinal o bíblica.
Estos testimonios rondaban alrededor de las Reglas Generales: evitar el mal, hacer el bien, participar de los medios de gracia. Los medios de gracia ayudaban al creyente a experimentar la presencia de Dios y a comprender quién es Él y qué pretende para con sus hijos e hijas. Al comentar el líder acerca de los testimonios de los integrantes de la “clase”, llamaba la atención sobre aquellos aspectos que ayudaban a todo el grupo, afirmando los esfuerzos y logros de cada cual, y reprendiendo o aconsejando si era necesario. Luego de testimoniar, los participantes ofrendaban para ayudar a los pobres. Cada sesión terminaba con una oración o un himno. El propósito era modelar el comportamiento de sus miembros.
Par servir a los necesitados entre los metodistas, Wesley utilizó la estructura de la “reuniones de clase” como vehículos apropiados para distribuir bienes como alimentos, ropa y combustible. Con ello uno puede fácilmente discernir la adecuada rendición de cuentas y responsabilidad de gran parte de la práctica ministerial de Wesley.
La activa participación en la “reunión de clase” era la condición para la membresía en la sociedad metodista. Cada “clase” era visitada trimestralmente por Wesley o por alguno de sus asistentes y cada miembro era entrevistado personalmente. Si el ministro determinaba que el miembro era fiel en su concurrencia a “clase”, le era emitido un ticket. Esto no sólo aseguraba que los miembros de la sociedad estuviesen activos en una “clase”, también proveía de un medio inofensivo para excluir a aquellos que no vivían de acuerdo a las “Reglas”.[35]
Además de líderes de las “bandas” y las “clases”, otra posición de liderazgo laico se necesitó para estos desarrollos. Las suscripciones para pagar por la Fundición y las reparaciones fueron puestas en las manos de un miembro de la Sociedad, que recibía el dinero y pagaba de acuerdo a lo que se debía. Este fue el primer mayordomo metodista, al que pronto otros se unieron para el manejo de las transacciones financieras, las cuentas de cada una de las “sociedades”. De esta manera, ningún dinero o bienes que eran recaudados pasaban por las manos de los Wesley.[36]
La orientación general de las “bandas” fue trasladada al nivel del cuidado pastoral personal en las “clases”. Podemos conocer su peculiaridad, leyendo los deberes que Wesley indica a sus líderes, en las “Reglas para las Sociedades Unidas”. Este breve párrafo se convirtió en la constitución de la “reunión de clase”:
La tarea del Líder consiste en: (1) Ver a cada persona de su Clase por lo menos una vez por semana, con el fin de averiguar cómo prospera su alma; aconsejar, reprobar, consolar y exhortar, según lo requiera la ocasión; recibir lo que están dispuestos a contribuir para la ayuda a los pobres. (2) Reunirse con el ministro y los mayordomos de la Sociedad con el fin de: informar al ministro sobre los que estén enfermos, y de alguno que no se comporta como es debido y no acepta advertencia; entregar a los mayordomos lo que han recibido de las distintas Clases en la semana precedente.[37]
No obstante, es de destacar que Wesley rechazó la dependencia excesiva en estas reglas. La disciplina no es legislación eclesiástica sino una vía de discipulado. Wesley insistió que la verdadera religión es el conocimiento de Dios en Jesucristo, la vida que está escondida con Cristo en Dios, y la justicia que ansía el verdadero creyente.
Los miembros de una “clase” a menudo permanecían juntos por años cultivando la mayor intimidad y solidaridad fraterna.
Para Gattinoni, todo el proceder de estos grupos íntimos de oración y testimonio, estribaba en sólidos basamentos bíblicos. Su propósito era desde el comienzo la santificación (1 Tes 3:12-13). Los medios: la exhortación y consolación (1 Tes 5:11; Ro 5:14). En este último pasaje, bondad significa madurez espiritual y conocimiento, el del Evangelio (Col 3:16; Hb 10:24-25); la confesión (Stg 5:16); disciplina (Tito 3:10; Ro 16:17s); el testimonio (Hch 4:31) y la comunión y obras de amor (Hch 2:46,42).[38]
Cinco características que destaca Marigene Chamberlain en la sesión de “clase”, son:
- Aceptaba a toda persona sin importar su experiencia de fe (toda persona avanzaba en la fe según le guiaba el Espíritu Santo): Debido a que la “clase” abarcaba una región geográfica específica, sus miembros representaban una variedad de experiencias de fe, desde aquellos que buscaban la salvación hasta los predicadores locales y pastores. Como leemos en las “Reglas Generales”, no había ningún requisito para ser miembro de una sociedad unida excepto el de desear ser salvo. Aún la experiencia misma de la conversión no era un requisito. Este hecho garantizaba que en una “clase” hubiera una amplia variedad de experiencias y madurez de los miembros de la “clase”. También se nota en esto la relación con la interpretación de Wesley de los grados de fe.
- Ofrecía una oportunidad para la formación pastoral: En la “reunión de clase” la persona líder tenía la oportunidad de animar, exhortar y confrontar a las personas por la manera en que cumplían o no su compromiso con el Señor, según el nivel a donde habían llegado. Así es que los líderes de “clase”, fueran hombres o mujeres, se formaban en sus funciones pastorales, siendo éste el primer nivel de intervención en casos de emergencias, problemas o dificultades por parte de los miembros.
- Daba oportunidad para la reflexión teológica: La “reunión de clase” proveía a todos la posibilidad de reflexionar acerca de las enseñanzas bíblicas y la manera de ponerlas en práctica todos los días. Proveían la oportunidad de reflexionar acerca de la actitud y la voluntad de Dios para con su pueblo. En las “reuniones de clase” las personas podían hacer preguntas y compartir inquietudes par juntos ayudarse a profundizar su comprensión teológica.
- Ofrecía la oportunidad de aprender: La mayoría de las personas que participaban en las “reuniones de clase” no tenían experiencia en la vida y misión de la iglesia y desconocían el contenido y la vivencia de la fe; en la “reunión de clase” tenían la oportunidad de hacer preguntas, de practicar cómo orar, cómo leer la Biblia, cómo estudiar, cómo ayudar a los pobres, cómo participar en los ministerios, etc. Secundariamente, podían aprender a leer o a mejorar su lectura, a estudiar, a analizar situaciones, a organizar y a sistematizar sus pensamientos, a facilitar la organización de ujn grupo y a practicar sus destrezas como líderes.
- Ofrecía la oportunidad de expresarse abiertamente y con libertad, al ser la persona escuchada, tomada en serio y tratada con dignidad y respeto.[39]
Finalmente, para David Lowes Watson, las dos importantes características de la “reunión de clase” fueron:
1) El proceso de mutua respuesta y apoyo más que búsqueda introspectiva. El propósito del diálogo ante el líder y de cada miembro no era hacer hincapié en una confesión interna, sino que apuntaba hacia una “rendición de cuentas” de aquello que había tenido lugar durante la semana precedente. Este fue la dinámica de la “clase”, opuesta a la de la “banda”.
2) La centralidad del líder de “clase”: Este papel fue un elemento crucial en una línea de autoridad y comunicación que se extendía desde Wesley a la membresía metodista como un todo (el sistema conexional del metodismo que rompe con las tradiciones de los Disidentes en Inglaterra). A través de esta conexión, Wesley mantenía la supervisión pastoral, lo que hizo del metodismo una verdadera ecclesiola in ecclesia.[40]
Así nació la “reunión de clase”, que había de dar estructura y consistencia a los movimientos metodistas, a diferencia de los avivamientos pasajeros e inestructuradas como el que repreentaba el carismático predicador George Whitefield. “Acababa de surgir”, dice Watson, “el modelo eclesial metodista, un concepto inclusivo de la salvación, en el cual los hombres y mujeres participaban con libertad y responsabilidad; y un formato para el discipulado basado en las realidades y el sentido común del mundo: la “reunión de clase”.[41]
Algunas diferencias entre los grupos metodistas y los moravos
Wesley no compartía el antinomianismo de los moravos, quienes enfatizaban la salvación por la fe solamente y minimizaban el papel de las reglas, las disciplinas y las buenas obras.
Tampoco compartía la doctrina morava de la “quietud” basada en “espera en el Señor”. El argumento era que no había “medios de gracia” y obra de piedad, sino Cristo y que, por lo tanto, hasta que las personas tuvieran fe en él, debería refrenarse de hacer uso de estos medios, especialmente de la Cena del Señor. Este poco valor otorgado a los medios de gracia distanciaba a Wesley de la concepción morava.
También veía en ellos una tendencia hacia el misticismo y una piedad subjetiva desinteresada de los asuntos humanos, cosas que no formaban parte de la concepción teológica de Wesley.
Tanto los grupos moravos como las sociedades religiosas se concentraban en el cultivo del propio grupo. Wesley, en cambio, colocaba toda la fuerza creada por la comunidad al servicio de la misión evangelizadora, y a la vez pone el poder educador y formato de las “sociedades” al servicio de la continuación de esa misión en los conversos.[42] En la lógica wesleyana, no se disocia la soteriología y la eclesiología, así como es imposible separar la forma del espíritu. Para él, la fe y la práctica cristianas son inimaginables fuera de la comunidad donde la fe es despertada, nutrida, fortalecida y perfeccionada en el amor.
Así fue que Wesley desaprobaba fuertemente la designación de monitores en Fetter Lane. El rígido sistema de supervisión espiritual llevaba, según Wesley observaba, a una inmadurez más que a una apertura hacia la mutua responsabilidad que, desde su punto de vista, debía ser el verdadero propósito de la hermandad grupal. Wesley aceptaba la división en “bandas” conforme a género y estado civil, pero como un medio para una apertura mutua, y no como un fin en sí mismo. Él pensaba que cada persona en su grupo era su monitor y él el suyo. Es así que en el “Reglamento de las Sociedades de Bandas”, Wesley puntualizará aquello que él sentía que estaba faltando en el sistema moraviano de monitores: confesión y rendición de cuentas mutuas. El líder, una persona entre los integrantes, debía hablar de su propio estado primero y después preguntar al resto, en ese orden.[43]
Además, Wesley tenía sus reservas sobre la autoridad absorbente del Conde Zinzendorf y el ambiente de secretismo que llevaba a la inmadurez y a la falta de responsabilidad mutua.[44]
Wesley notó que el concepto moravo de las “sociedades” con “bandas” (grupos cuidadosamente amonestados dentro de una comunidad cerrada religiosa) no era apropiado a las necesidades de la clase trabajadora inglesa que se enfrentaba a las privaciones que los cambios de las condiciones sociales y económicas del mundo laboral habían tenido.[45]
Las “bandas”, modeladas de acuerdo a la disciplina morava, presuponían un ambiente de cambio externo e interno que los nuevos convertidos metodistas a diferencia de los habitantes de Herrnhut, no tenían la oportunidad de efectuar en su propio contexto social. Una de las contribuciones más importantes hechas por Wesley a la tradición cristiana es que, confrontado con la alternativa de buscar absolutos doctrinales y de conducta, o aceptar pragmáticamente la conducta humana en su realidad social, él sin dudar optó por lo último.[46]
Un vacío en la estructura de las “sociedades” moravas era que las personas que no estaban en las “bandas”, no tenían un grupo pequeño en el cual buscar apoyo y guía. De ahí surgen las “reuniones de clase”.
Wesley hizo algunas otras importantes modificaciones, si bien estas contenían elementos de todo lo que él había experimentado antes. Además de establecer una “sociedad” para la instrucción y “bandas” para la edificación, el único requerimiento para ser admitido en la nueva “sociedad” fue “un deseo de huir de la ira venidera, para ser salvado de sus pecados”.[47]
En tal sentido, las “sociedades” eran abiertas a todos, sin distinción, sin distinciones doctrinales o sociales, y Wesley intuía que las barreras doctrinales eran, a menudo, barreras sociales.[48]
Relevancia de las “reuniones de clase”
Para Wesley, las “reuniones de clase” no eran meramente un medio para preservar los logros de la predicación. La prédica y el testimonio eran sólo el preámbulo. La acción redentora tenía lugar en las “reuniones de clase” y en la vida de sus miembros.
Es así que una investigación realizada por Thomas Albin sobre la vida espiritual de quinientos cincuenta y cinco de los primeros metodistas, muestra que, conforme a su testimonio, sólo una cuarta parte de ellos experimentaron el nuevo nacimiento en el contexto de la predicación, previo a ingresar a las “sociedades metodistas”. La mayoría necesitó de la edificación comunitaria, pasando un promedio de 2,3 años de participación antes de experimentar el nuevo nacimiento.[49]
Asimismo, William Dean, luego de examinar los relatos de conversiones en el metodismo naciente, concluye:
Las situaciones en las que un metodista registró hacerse convertido en un servicio de predicaciones son muy pocas, en verdad, y aquellas que acontecieron son muy personales y privadas en el contexto de una multitud –sin apelaciones públicas y encuentros de adoración masivos-. No es hasta las primeras décadas del siglo 19 en que comenzamos a leer acerca de conversiones después de un encuentro de adoración y predicación y no fue sino hasta mediados de siglo en que las conversiones se asociaron normalmente con el servicio parroquial. De aquellos metodistas nacidos antes de 1800, cuyo relato de conversión yo he leído, la gran mayoría ubica su conversión en el contexto de la reunión de clase o de la influencia del líder de clase. La secuencia era, usualmente, ‘yo me convencí de mis pecados, concurrí a la reunión de clase, me convertí.[50]
La práctica del discipulado es costosa y sólo podemos llevarla adelante con la ayuda de la Gracia divina. Por ello, Wesley promovía el uso de los “medios de gracia”. Pero, para asegurar el uso de estos medios, Wesley propulsó los grupos pequeños como una manera de ayudarse unos a otros al compromiso.
Una vez percibida su utilidad y validez bíblica, Wesley adoptó a la “reunión de clase” como estructura básica del metodismo.
La “reunión de clase” fue el pivote del movimiento metodista, el vehículo de cambio, el medio que permitió que el mensaje fuera internalizado. Muchos factores contribuyeron al efecto poderoso que el metodismo tuvo en la sociedad del siglo XVIII, primero en Inglaterra, luego en Norteamérica, pero el elemento clave fue la “reunión de clase”.
Así el metodismo permitió a un gran número de la clase baja inglesa enfrentar el caos social y espiritual de la Primera Revolución Industrial. La transición traumática de una cultura medieval y agraria a una moderna e industrial fue facilitado para las masas urbanas por la “reunión de clase”.[51]
La “reunión de clase” fue un mecanismo probado de vidas transformadas, de cambio de conducta. Resulta notable que George Whitefield, predicador contemporáneo de Wesley, no comprendió el método del padre del metodismo en las “reuniones de clase”. Eso hizo que George Whitefield confesara, cerca del final de su carrera como extraordinario predicador: “Mi hermano Wesley actuó sabiamente. Las almas que eran despertadas bajo su ministerio él las reunía en ‘reuniones de clase’, lo que preservó los frutos de sus labores. Esto yo lo descuidé y mi gente es una ‘soga de arena’.”[52].
José Míguez Bonino dice:
Wesley nos provee, en primer lugar, un valioso instrumento de la renovación de la Iglesia en su concepto y práctica de la “ecclesiola”, es decir, pequeños grupos voluntarios de creyentes que viven bajo la Palabra una vida de disciplina y piedad comunitaria, poniéndose en manos del Espíritu Santo para ser utilizados como levadura en la renovación del cuerpo total de la Iglesia. Wesley no descubrió, sin duda, tal cosa, pero le dio una amplitud y la utilizó en una mediada como nunca antes lo había sido en el Protestantismo.[53]
Wesley vincula en las “reuniones de clase” los elementos objetivos de la tradición protestante (la Palabra, los sacramentos y el orden) y los subjetivos de la tradición pietista (la experiencia, la santidad interior, la meditación, la oración espontánea, la comunión fraternal, el celo evangelizador, las obras de bien).
Fraternidad cristiana
Wesley advirtió que:
Los formularios de la Iglesia de Inglaterra no proveían adecuadamente oportunidades para la comunión del pueblo cristiano. Reconocían la comunión en el culto y el sacramento de la Santa Cena, pero advirtió que eran deficientes en ofrecer la comunión espiritual personal entre los creyentes individuales que fue marca distintiva de la Iglesia desde los comienzos de su historia. Los miembros de los mejores tipos de Sociedades Religiosas de Inglaterra gozaban de esta comunión, pero él tenía conciencia que tales sociedades habían nacido de la iniciativa individual más bien que por iniciativa u orden eclesiástico. No podía negar que en muchos casos tales reuniones habían sido combatidas por las personas con autoridad por ilegales o perniciosas y que la justificación de esta forma de comunión cristiana debía hallarse en las páginas del Nuevo Testamento más bien que en los libros de derecho canónico de la Iglesia de Inglaterra… Halló imposible realizar su visión a menos de ampliar la concepción de la Iglesia con la que la mayoría de los miembros de la Iglesia de Inglaterra se daban por satisfechos.[54]
Por ello, de su propia experiencia en el Club Santo, las comunidades moravas y las sociedades religiosas surgidas en Inglaterra, crea las “reuniones de clase”: un grupo pequeño agrupado por vecindad geográfica y colocado bajo la dirección de un guía (leader), que permitía la orientación y vigilancia personal de cada miembro de las “sociedades” metodistas. Su finalidad era la mutua corrección y edificación.
Acerca del “descubrimiento” que había hecho, Wesley dice:
Reflexionando sobre esto, no puedo sino observar que es la misma cosa que existía desde el principio del cristianismo. En los primeros tiempos, Dios envió a aquellos a predicar el evangelio a toda criatura. El cuerpo de oyentes era mayormente de judíos o paganos. Pero tan pronto como uno de éstos se convencía de la verdad, abandonaba su pecado y buscaba la salvación a través del evangelio, inmediatamente se juntaban, registraban sus nombres, aconsejándoles para cuidarse mutuamente y reunirse con estos “catecúmenos” (como les llamaban) apartándolos de la gran congregación, para que pudieran ser instruidos, reprendidos, exhortados, orando por ellos y con ellos, de acuerdo a sus múltiples necesidades.[55]
¿Por qué “reunión de clase”?
“¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” Génesis 4:9b. (Versión Reina-Valera)
La “reunión de clase” fue el hito más característico de la temprana organización metodista.
Para Wesley, la vida cristiana no es simplemente un “estado”, sino un “proceso” en el caminar con Jesucristo, que se realiza en la “comunión” fraternal y pastoral de los creyentes. Según Míguez Bonino, una de las funciones esenciales que cumplió la “reunión de clase” wesleyana fue la de proveer en “la gran congregación” la oportunidad que la palabra anunciada y presentada en la enseñanza y el culto se personalice comunitariamente.[56]
Las “reuniones de clase” suplieron el sentido de comunidad y familia que había caracterizado a los pueblos rurales, pero que se había perdido en la migración a las grandes ciudades en el siglo dieciocho a fin de alimentar la mano de obra indispensable para el desarrollo de la primera revolución industrial, destruyéndose, así, los antiguos lazos comunitarios y generando fuertes tendencias en dirección tanto a la masificación como al individualismo.
Wesley pretendía volver al espíritu del cristianismo, donde los conversos eran llamados a “velar unos por otros”.
Además de facilitar la koinonía, los grupos proveyeron entrenamiento en responsabilidad mutua. Este discipulado responsable, sugiere David Lowes Watson, fue el más profundo significado de los grupos pequeños.[57]
Dwight L. Moody, famoso evangelista del siglo diecinueve, dijo: “La reunión de clase metodista es la mejor institución para entrenar convertidos que el mundo vio”.[58]
William B. Pope, teólogo metodista del siglo diecinueve, dijo:
La reunión de clases entre los metodistas es su manera de enfrentar una de las mayores dificultades del momento actual. No intenta imponer una nueva condición de membresía en la Iglesia Cristiana. Es sólo una entre muchas otras formas –ciertamente la más extendida y permanente- que la Ecclesiola in Ecclesia –o sociedades dentro de la Iglesia- ha asumido. Ninguna comunidad religiosa ha mantenido por largo tiempo su vigor y pureza sin algún medio semejante. Este medio honra particularmente la nota de la Iglesia de su santidad objetiva al admitir libremente a todo solicitante serio con la sola condición de ser miembro bautizado de la Iglesia… Coloca a cada persona bajo supervisión pastoral…provee los medios de edificación social mutua, además de los medios generales de gracia, y por lo tanto contribuye eficazmente tanto a la santidad subjetiva (interior) como a la objetiva y dignidad de la comunión exterior de la Iglesia cristiana, aquella porque coloca a todos sus miembros bajo la influencia de una edificante exhortación y oración mutua.[59].
Wesley visualizaba a la “reunión de clase” como puerta de entrada para la mayoría de los que se iniciaban en el metodismo, y pretendía que el grupo de ingreso fuese de cálida camaradería. Allí había quienes estaban bastante maduros en su fe, aquellos que estaban progresando y otros que eran nuevos.
El “encuentro de clase” parece haber sido el primer y probablemente más poderoso factor de nivelación que ayudó a romper el rígido sistema de clases británico, proveyendo movilidad social ascendente. La “sesión de clase” fue un medio de expresión para gente que de otra manera no habría tenido la oportunidad de hablar.[60]
Prologa Justo González en el libro de David Lowes Watson:
…las “reuniones de clase” fueron un invento práctico para atender un problema pastoral: cómo responder a las necesidades concretas de tanta gente que aceptaba el Evangelio y se plegaba al avivamiento, y cómo ayudar a crecer en la fe y a “madurar en la fe”. Pero detrás de la necesidad de pastoral práctica, está una concepción fundamental: la de que la justificación por la fe no puede separarse de la santificación…[61]
Declinación de las “reuniones de clase”
La declinación de la “reunión de clase” se debió a la negligencia en las obras de obediencia de la catequesis semanal y a una creciente percepción individual en la experiencia religiosa.
La creciente preocupación en la piedad interna en la “reunión de clase” excluyendo la práctica de buenas obras y de los medios de gracia, hizo que se pasara a un formato vacío y rutinario, lo que hacía más difícil para los miembros el asistir a las “clases”. De esta manera, sin responsabilidad mutua, las “reuniones de clase” perdieron su propósito esencial.[62].
Esto nos muestra cuál es el criterio con que tienen que ser evaluadas las prioridades de las “reuniones de clase”.
Al pasar el metodismo de ser movimiento de “sociedades” a una iglesia, con su carácter más convencional y menos demandante, se debilitó la “reunión de clase”, pues se hizo más difícil exigir la asistencia a las reuniones. Antes, si de descuidaba la “clase”, la persona no podía participar de la “sociedad”, pero ahora, el individuo tendría que ser separado de la comunidad de los fieles y de los sacramentos. Esta era una sanción muy dura, especialmente para aquellos que concurrían regularmente a las otras reuniones de la iglesia.
Así, algunos empezaron a considerar que la iglesia se excedía en su mandato cuando insistía en la asistencia a la “reunión de clase”, como condición para la adhesión.
Paradójicamente, uno de los factores que contribuyó a la decadencia de la “reunión de clase” fue el éxito del metodismo. A medida que más y más personas se acercaron a las “sociedades”, se hizo más difícil mantener la disciplina. Con líderes competentes, tensiones entre los dirigentes e incremento del número de miembros en cada una de las “clases”.
Rack argumenta que la creciente dificultad se produce en el siglo XIX por falta de una común experiencia religiosa, sumado al problema endémico de indiferencia e incompetencia del liderazgo de “clase”.[63]
William W. Dean atribuye la declinación a un cambio en la función de las “reuniones de clase”, la cual, para él, era la evangelización –el reclutamiento y mantenimiento y la asimilación de nuevos miembros-.[64]
Por otra parte, el incremento de la riqueza y estatus social de muchos metodistas fue otro factor en este sentido.
Además, la generalización del individualismo que llegó a su punto cúlmine durante la Ilustración fue sin duda un factor y sigue siendo hoy un problema importante. La salvación llegó a ser considerada como un gran evento individual.[65]
Otras causas fueron el liberalismo, el debilitamiento de las normas, la reducción de las sanciones por incumplimiento y el incremento de las posibilidades de éxito, eliminaron de la teología la mayor parte del impulso hacia la “reunión de clase”.
Si la Biblia era la infalible revelación de Dios, entonces podía ser utilizada por Wesley para definir una moral más rigurosa. Si no era más que inspirada en un sentido más general, su moralidad resultaba menos definida y menos urgente. Dado que la “clase” era el principal modo para luchar por esta moralidad pasada de moda, esta relajación del rigor debilitó la institución que nos ocupa.
Para Hardt, las altas expectativas puestas en el papel del líder de “clase” y las tensiones crecientes entre estos líderes y los predicadores itinerantes debilitaron su dinamismo temprano.[66]
Logan extrae como consecuencia que:
Con el eclipse de la reunión de clase, llegaron los metodistas una vez más a aceptar y practicar una forma truncada de evangelización que se centró exclusivamente en una decisión…marcó un descenso decidido en la iglesia en el sentido de ser un pueblo disciplinado, y la iglesia comprometió su identidad eclesial, pasando de una conciencia misional a una conciencia institucional.[67]
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[1] Con lo cual, a ese momento, debía haber más de diez mil líderes de clases y bandas y, probablemente, un número igual o superior de otro tipo de liderazgo.
[2] La etimología de “disciplina”, se vincula con el verbo latino discere, aprender, y con la palabra derivada, discipulus, discípulo, quien aprende o quien se deja enseñar. Disciplina se refiere al orden necesario para poder aprender y su aparición como concepto está asociada con el aprendizaje. (Etcheverry 2008). En el contexto de la vida de la iglesia, este término se utiliza para describir los métodos y las reglas mediante las cuales Cristo, a través de la influencia de su comunidad, trata de ayudar a cada miembro para que sea saludable en su crecimiento cristiano y en su discipulado y para que haga su mejor contribución a la vida y el testimonio de todo el cuerpo (Diccionario de Historia de la Iglesia 1989, 348). La disciplina de Wesley era de carácter teleológico y no legalístico. Su finalidad era acelerar el proceso en la búsqueda de la santidad.
[3] Amestoy, Norman Rubén. El avivamiento wesleyano en Inglaterra. Una herencia de renovación espiritual, evangelización y reforma social, disponible en http://www.tau.org.ar/upload/8eb6631636987d8650b741851b6fb95d /El_avivamiento_wesleyano_en_Inglaterra.pdf, 1-9. Fecha de acceso: Septiembre de 2006, 5.
[4] Wesley, John, Obras de Wesley. 14 Tomos. Justo L. González, Ed., Franklin, TN: Providence House Publishers. 1996., Tomo V – Las primeras sociedades metodistas – Breve historia del pueblo llamado metodista, 276-27.
[5] Heitzenrater, Richard P., Wesley y el pueblo llamado metodista. Traducido al español por Ruby de Santibañes. Nashville, TN: Abingdon Press. 2001., 46.
[6] Henderson, D. Michael, A Model for Making Disciples. John Wesley’s Class Meeting. Nappanee, IN: Evangel Publishing House. 1997, 66-67.
[7] Ibíd., 72.
[8] Wesley, John, op. cit., Tomo V – Las primeras sociedades metodistas, 51-55.
[9] Ayres Mattos, Paulo. Wesley e os encontros de pequenos grupos Sua aplicação na Igreja Metodista no Brasil – Breves observações. Caminhando Revista da Faculdade de Teologia da Igreja Metodista Universidade Metodista de São Paulo — Umesp Ano VIII, no 12 — 2o semestre de 2003.
[10] Bruno, Daniel. “Ecclesiola in Ecclesia: crítica y renovación de la iglesia. El pietismo del s. XVII y las comunidades de base”, en Cuadernos de Teología. 2001. Vol. XX. Buenos Aires: ISEDET, 322.
[11] Henderson, D. Michael, op. cit., 50.
[12] Ibíd., 36-38.
[13] Citado en Barbieri, Sante U. Una extraña estirpe de audaces. Buenos Aires: Ediciones “El Camino”. Sin fecha, 37-38.
[14] Cf. Rack, Henry D. 2002. Reasonable Enthusiast: John Wesley and the rise of Methodism. London: Epworth Press, 53.
[15] De Souza, José Carlos. Laicicidade e Ecumenicidade da Igreja. O Pensamiento Eclesiológico de John Wesley. Tese apresentada em cumprimento parcial as exigencias do Programa de Pos-Graduado em Ciencias da Religiao para a obtencao do grau de doctor. Sao Bernardo do Campo: Universidad Metodista de Sao Paulo. Facultade de Filosofia e Ciencias da Religiao. 2008, 50-51.
[16] Wesley, John, op. cit., Works XI 366-367; Journal I 449-484; A Plain Account of Christian Perfection: Part II Work X 1367; El sermón “On Numbers 23: 23 Works VII, 419-430.
[17] Towlson, Clifford. Moravian and Methodist, Relations and Influences in the Eighteenth Century, London: The Epworth Press. 1957, 8ss.
[18] Bruno, Daniel. “Fundamentos teológicos de la ética wesleyana. Alcances y limitaciones”, en Cuadernos de Teología. 2004. Vol. XXIII. Buenos Aires: Instituto Universitario ISEDET, 93.
[19] Wesley, John, op. cit., Tomo V – Las primeras sociedades metodistas – Los principios de un metodista, mejor explicados, 193.
[20] Wesley, John, op. cit., Works II, 362.
[21] Bruno, Daniel, op. cit., 95.
[22] Heinzerater, Richard P., op. cit., 28-30.
[23] Chamberlain, Marigene, Creer, Amar, Obedecer. Nashville, TN: Discipleship Resources. 2000, 8.
[24] Watson, David Lowes, The Early Methodist Class Meeting: Its Origins and Significance. Nashville, TN: Discipleship Resources. 1985, 73.
[25] Henderson, D. Michael, op. cit., 59.
[26] Henderson, D. Michael, op. cit., 60-61.
[27] Bosch, David. Misión en transformación. Grand Rapids, MI: Libros Desafío. 2000, 294.
[28] Basado en Henderson, D. Michael, op. cit., 121-125.
[29] Wesley, John, op. cit., Tomo V – Las primeras sociedades metodistas – Breve historia del pueblo llamado metodista, 280-281.
[30] Heitzenrater, Richard P., op. cit., 109.
[31] Ibíd, 109-110.
[32] Wesley, John, The Works of the Rev. John Wesley, M.A. Edited by Thomas Jackson. 3º ed. 14 vols. London: Wesleyan Conference Office, 1872. Reprinted Grand Rapids: Baker Book House. 1979., Vol. 8, 303 – Citado enGoodell, Charles L. The Drillmaster of Methodism: Principles and Methods for the Class Leader and Pastor. New York: Eaton and Mains. 1902, 239.
[33] Ibíd., 220.221.
[34] Henderson, D. Michael, op., cit., 98-99.
[35] Ibíd., 107-108.
[36] Heitzenrater, Richard P., op. cit., 110.
[37] Wesley, John, op. cit., Tomo V – Las primeras sociedades metodistas – Un informe claro sobre el pueblo llamado metodista, 225-226.
[38]Gattinoni, Carlos T., Principios del Movimiento Metodista. Buenos Aires: Servir. 1982, 113.
[39] Chamberlain, Marigene, op. cit., 62.
[40] Watson, David Lowes. 1985. The Early Methodist Class Meeting: Its Origins and Significance. Nashville, TN: Discipleship Resources. 1985, 97-98.
[41] Watson, David Lowes, op. cit., 91.
[42] Miguez Bonino, Hacia una eclesiología evangelizadora. Una perspectiva wesleyana. San Pablo: EDITEO/CIEMAL. 2003, 59-50.
[43] Watson, David Lowes, op. cit., 83.
[44] Watson, David Lowes, op. cit., 298.
[45] Heitzenrater, Richard P., op. cit., 100.
[46] Watson, David Lowes, op. cit., 86-87.
[47] Henderson, D. Michael, op. cit., 76.
[48] Watson, David Lowes, op. cit., 243ss., 310-312.
[49] Runyon, Theodore. The New Creation: John Wesley’s Theology Today. Nashville, TN: Abingdon Press. 1998, 115.
[50] Dean, William, W. “The Evangelistic Factors of the Class Meeting”, en Conservative Evangelicals in Methodism Newsletter 10 (1983), 34-35.
[51] Henderson, D. Michael, op. cit., 12.
[52] Citado en Ayling, Stanley. John Wesley. Nashville, TN: Abingdon Press, 201.
[53] Miguez Bonino, José, op. cit., 79.
[54] Simon, John S. John Wesley and the Religious Societies. 1st ed. London: The Epworth Press. 1921, 157-158.
[55] Wesley, John, op. cit., Tomo V – Las primeras sociedades metodistas – Un informe claro sobre el pueblo llamado metodista, 220-221.
[56] Miguez Bonino, José, op. cit., 73.
[57] Watson, David Lowes, op. cit, 129.
[58] Goodell, Charles L., op. cit., 15.
[59] Citado en Míguez Bonino, José, op. cit., 65-66.
[60] Spoull, Jerry. 1967. The Class Meeting. ThM Tesis. Willmore KY: Asbury Theological Seminary. 1967, 10.
[61] Watson, David Lowes, Discípulos responsables. Nashville, TN: Ediciones Discipulado. 1986., 4.
[62] Watson, David Lowes, op. cit., 145-147.
[63] Rack, Henry D. “The Decline of the Class Meeting and the Problems of Church – Membership in Nineteenth Wesleyanism”, en Proceedings of the Wesley Historial Society 39 (1973-74), 12.
[64] Dean, William W. “The Methodist Class Meeting: The Significance of its Decline”, Proceedings of the Wesley Historial Society 53:3 (December 1981), 41-48.
[65] Maddox, Randy L. “Social Grace: The Eclipse of the Church as a Means of Grace in American Methodism,” in Methodism in Its Cultural Milieu, ed. Tim Macquiban. Oxford: Applied Theology Press. 1994, 139.
[66] Hardt, Philip F. The Soul of Methodism. The Class Meeting in Early New York City Methodism. New York: University Press of America. 2000, 23-24.
[67] Logan, James. How Great a Flame: Contemporary Lessons from The Wesleyan Revival. Nashville: Discipleship Resources. 2005, 38.